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En la política venezolana ya no es fácil ni describir a los actores... ni actrices
LUIS VICENTE LEÓN
En Twitter: @luisvicenteleon
eluniversal.com/
Hemos dicho que aún no podemos proyectar el resultado de las primarias. Sin embargo, en la medida en que comienza la batalla entre los candidatos fuertes, las probabilidades de que se consolide la polarización entre dos o tres, que ya dominan la escena, aumenta sustancialmente. Esta tendencia polarizadora se consolida con el adelanto de las presidenciales, ya que la oposición se pone nerviosa ante la lejanía de la selección de su candidato o candidata y llena el vacío de manera natural refugiándose en el grupo tope.
Podemos decir que en este momento hay cuatro tipos de candidatos y candidatas: 1) quienes tienen una opción concreta en sus manos y forman parte de la polarización actual, concentrando la mayoría de los electores que se manifiestan seguros de votar en las primarias; 2) candidatos o candidatas que, aunque no tienen aún una preferencia significativa, tienen la posibilidad de lograrla ante algún evento específico, ya sea de campaña o legal, que les ayude a penetrar en los indecisos o pescar en los mercados de los candidatos favoritos; 3) los candidatos o candidatas para una transición, que son aquellos y aquellas que sin opciones actuales, podrían convertirse, sin embargo, en figuras relevantes como factores de equilibrio en el medio de una potencial crisis política que obligue a pensar en "notables" y, 4) los candidatos y candidatas de relleno que se presentan porque: a) piensan que pueden darle el palo a la lámpara y voltear la tortilla de manera rocambolesca o, b) porque, aun sabiendo que no pueden ganar, quieren construir un valor de marca política, nombre y recordación nacional, que pueda serles útil en el futuro o, c) los candidatos profesionales que buscan recoger platica para su campaña y luego subastar su apoyo al mejor postor.
Pero quiero insistir en algo relevante. No importa cuántos y cuántas candidatos y candidatas se presenten a las primarias ni qué tipo de motivación tengan para hacerlo. Mientras más lo hagan mejor. Para eso se convocaron. Para que los ciudadanos y ciudadanas tuvieran la posibilidad de escoger, entre diferentes ofertas y alternativas, aquella que más les guste y se adapte a su búsqueda y pensamiento. Para que dentro del abanico de opciones los electores y electoras escojan a quien debe representarlos y representarlas frente a su adversario real. No pueden llamar a primarias para escoger a él o la mejor y luego criticar que muchos y muchas se postulen. De eso se trata la democracia. De dirimir disensos. El único consenso que importa es alrededor de la metodología a través de la cual se dirimirá ese disenso y las primarias representan ese mecanismo. La oposición y la democracia se deben dar por bien servidas y los líderes y lideresas que se postulan a ellas deben ser bienvenidos y bienvenidas a participar en la fiesta.
Pero confieso que redactar esto me dejó cansado. Era tan cómodo en el pasado cuando decir candidato significaba por igual, y con el mismo respeto y consideración: Jóvito o Imelda. Resulta que ahora hay que hablar como Tibisay Lucena: candidato o candidata, venezolano o venezolana, ciudadano o ciudadana, él o ella. Bueno, menos mal que todavía no se ha lanzado la que antes llamaban, por cariño, la Negra Isaura (aunque al ritmo de lanzamiento de candidatos uno nunca sabe), porque habría que introducir, según los nuevos códigos, la distinción entre candidatos y candidatas: blancos puros y blancas puras, blancos y blancas del país y afrodescendientes y afrodescendientas. Como verán, en la política venezolana ya no es fácil ni describir a los actores... ni actrices.
Luisvidenteleon@gmail.com
LUIS VICENTE LEÓN
En Twitter: @luisvicenteleon
eluniversal.com/
Hemos dicho que aún no podemos proyectar el resultado de las primarias. Sin embargo, en la medida en que comienza la batalla entre los candidatos fuertes, las probabilidades de que se consolide la polarización entre dos o tres, que ya dominan la escena, aumenta sustancialmente. Esta tendencia polarizadora se consolida con el adelanto de las presidenciales, ya que la oposición se pone nerviosa ante la lejanía de la selección de su candidato o candidata y llena el vacío de manera natural refugiándose en el grupo tope.
Podemos decir que en este momento hay cuatro tipos de candidatos y candidatas: 1) quienes tienen una opción concreta en sus manos y forman parte de la polarización actual, concentrando la mayoría de los electores que se manifiestan seguros de votar en las primarias; 2) candidatos o candidatas que, aunque no tienen aún una preferencia significativa, tienen la posibilidad de lograrla ante algún evento específico, ya sea de campaña o legal, que les ayude a penetrar en los indecisos o pescar en los mercados de los candidatos favoritos; 3) los candidatos o candidatas para una transición, que son aquellos y aquellas que sin opciones actuales, podrían convertirse, sin embargo, en figuras relevantes como factores de equilibrio en el medio de una potencial crisis política que obligue a pensar en "notables" y, 4) los candidatos y candidatas de relleno que se presentan porque: a) piensan que pueden darle el palo a la lámpara y voltear la tortilla de manera rocambolesca o, b) porque, aun sabiendo que no pueden ganar, quieren construir un valor de marca política, nombre y recordación nacional, que pueda serles útil en el futuro o, c) los candidatos profesionales que buscan recoger platica para su campaña y luego subastar su apoyo al mejor postor.
Pero quiero insistir en algo relevante. No importa cuántos y cuántas candidatos y candidatas se presenten a las primarias ni qué tipo de motivación tengan para hacerlo. Mientras más lo hagan mejor. Para eso se convocaron. Para que los ciudadanos y ciudadanas tuvieran la posibilidad de escoger, entre diferentes ofertas y alternativas, aquella que más les guste y se adapte a su búsqueda y pensamiento. Para que dentro del abanico de opciones los electores y electoras escojan a quien debe representarlos y representarlas frente a su adversario real. No pueden llamar a primarias para escoger a él o la mejor y luego criticar que muchos y muchas se postulen. De eso se trata la democracia. De dirimir disensos. El único consenso que importa es alrededor de la metodología a través de la cual se dirimirá ese disenso y las primarias representan ese mecanismo. La oposición y la democracia se deben dar por bien servidas y los líderes y lideresas que se postulan a ellas deben ser bienvenidos y bienvenidas a participar en la fiesta.
Pero confieso que redactar esto me dejó cansado. Era tan cómodo en el pasado cuando decir candidato significaba por igual, y con el mismo respeto y consideración: Jóvito o Imelda. Resulta que ahora hay que hablar como Tibisay Lucena: candidato o candidata, venezolano o venezolana, ciudadano o ciudadana, él o ella. Bueno, menos mal que todavía no se ha lanzado la que antes llamaban, por cariño, la Negra Isaura (aunque al ritmo de lanzamiento de candidatos uno nunca sabe), porque habría que introducir, según los nuevos códigos, la distinción entre candidatos y candidatas: blancos puros y blancas puras, blancos y blancas del país y afrodescendientes y afrodescendientas. Como verán, en la política venezolana ya no es fácil ni describir a los actores... ni actrices.
Luisvidenteleon@gmail.com







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