Otro Blog del Grupo Noticias en Tweets »» Sígueme en Facebook Sígueme en Twitter Suscríbete a NT Youtube Suscríbete Gratis Síguenos en Google +

viernes, 10 de junio de 2011

Opinión: ¿Y entonces yo qué soy? OMAR PÉREZ

Sígueme en Twitter: @reporte2012
Suscríbete Gratis a Elecciones Presidenciales 2012 Venezuela por Email


OMAR PÉREZ
Utimasnoticias.com.ve

Eduardo Fernández es un venezolano culto y honorable, capaz y de estupenda formación política que bien puede dirigir los destinos de Venezuela. No digo que sea el único, ni que este sea su superior destino, pues como decía Rómulo Betancourt, presidente de este país puede ser cualquiera, lo difícil es que detrás de él exista un programa de gobierno que responda a las exigencias del pueblo y que la transparencia de su trayectoria sea garantía de una gestión pública eficaz y respetuosa de los derechos ciudadanos.


Llevaba varios años sin oír un discurso como el suyo, el pasado viernes, cuando desde el Colegio Santa Rosa de Lima asomó su candidatura presidencial. Fue el suyo un discurso denso, respetuoso, optimista, pese al clima sombrío que se vive. No hubo una ofensa, una descalificación, un improperio. Me llenó de alegría su llamado a la convivencia, a la cordialidad dentro de la discrepancia natural de pareceres que conforman el mundo ciudadano. Y recordé -porque soy su amigo y respeto sus ideas- el mediodía que, con un colega, almorzamos en un restaurante de Candelaria. Entonces nos contó la mañana que acudió a la quinta Tinajero, en Los Chorros, a participarle al doctor Rafael Caldera que había sido escogido entre sus compañeros de dirección de Copei para ejercer la representación presidencial de su partido en el proceso electoral que se avecinaba, pasados ya los 10 años en que él ejerció su mandato.

"Me había invitado a un whisky y tan pronto como oyó que había sido nominado yo y no él como candidato, se levantó más pálido que nunca y me hizo aquella pregunta que me dejó estupefacto: '¿Y entonces yo cómo quedó? ¿Como un pendejo?'"...

Eduardo reía entonces, cuando lo recordaba: "Me levanté y abandoné la habitación sin pronunciar una palabra, sorprendido por aquella reacción inesperada del fundador. Abrí la puerta de la casa y salí a la calle.

"Pero de repente, impulsado por una sensación que nunca me expliqué, regresé a la casa, apuré el whisky que había dejado sobre la mesa frente al suyo y entonces sí, emprendí la retirada".

Las cosas del poder, pienso yo ahora. El padre mezquino, indignado por el triunfo del alumno, del hijo preferido, del joven brillante, por cuyo éxito siempre apostó. ¡Vainas!...

No hay comentarios:

Publicar un comentario